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LA  ESCUADRA

 

 

Fragata Hercules ( Oleo de Emilio Biggeri )

 

 

Creación de la Escuadra: (Del Manual de Historia Marítima Argentina de LAURIO H. DESTEFANI, Capitán de Navío, Licenciado en Historia, Miembro de Número Académico del Instituto Nacional Browniano yJefe del Departamento de Estudios Históricos Navales ) 

 

LA  GUERRA  DE  LA  INDEPENDENCIA

Producida la Revolución de Mayo, la Junta de Gobierno comprendió la importancia de dominar las aguas del Plata. Estábamos prácticamerite bloqueados por las fuerzas realistas españolas con base en Montevideo. Por medio de un diputado del interior, el salteño Francisco de Gurruchaga, nuestro gobierno patrio se dio a la tarea de crear una fuerza naval.

Con más entusiasmo que elementos se creó nuestra primera, heterogénea y débil escuadrilla naval. La componían tres naves: el bergantín goleta La Invencible, el bergantín 25 de Mayo y la balandra Americana. Esta fuerza fue puesta al mando del Teniente Coronel Juan Bautista Azopardo, ( 1774 - 1848 ) oriundo de Senglea, en la isla de Malta. 

En 1806 hallándose en Montevideo se unió a Liniers para reconquistar Buenos Aires, distinguido por el Cabildo el 17 de Marzo de 1807 con el grado de Teniente Coronel incorporado al Reg. de Artillería hasta Septiembre de 1807.Producida la revolución de mayo, se incorporó al Cuerpo de Granaderos, en agosto de 1810 se lo propuso para comandante de la escuadrilla naval en formación.

En el combate de San Nicolás, el 2 de marzo de 1811, la escuadrilla argentina fue totalmente vencida por una fuerza naval española al mando del Capitán de Fragata Francisco de Romarate. La Invencible, mandada por el valiente Azopardo, sostuvo el honor del pabellón hasta que sólo 8 hombres de su tripulación no estaban heridos o muertos.

Fué conducido prisionero a Montevideo y de allí a España, cautivo en Ceuta hasta 1820, ya libre, vuelve a Buenos Aires. El sumario instruído en abril de 1811 por las acciones de San Nicolás, fué adverso a Azopardo por lo que; se declara que dicho comandante no podrá ni deberá ser empleado jamás en mando alguno pudiendo sólo servir subordinado.

La segunda gran tentativa de obtener el dominio del río se iba a realizar con mejor fortuna.La organización de la Marina por entonces comprendía la Capitanía del Puerto de Buenos Aires, la Mesa de Cuentas y Razón y las escasas naves de poco porte.

Lá Capitanía del Puerto de Buenos Aires, primer organismo naval, continuaba el sistema colonial sin variantes. La ejercía Martín Jacobo Thompson, si bien al principio realizaba tareas policiales y de seguridad, más afínes con las de Prefectura, poco después tuvo que adicionar tareas logísticas y guerreras. La creación de pequeñas fuerzas navales tenía por misión dificultar el dominio del río ejercido en forma casi absoluta por los españoles.

La creación de la Mesa de Cuentas y Razón el 12/01/1811 marcó la constitución del primer organismo independiente, necesario para reemplazar uno similar existente en Montevideo.  Su jurisdicción era económica y en parte logística, y asumía la responsabilidad del control de gastos y pagos.  Era el embrión de la Comisaría de Marina y de la Jefatura de Intendencia.  

 

CAMPAÑA  NAVAL  DE  1814

La Campaña naval de 1814, la más gloriosa de nuestras luchas navales, decisivas para la libertad argentina, fue una confirmación de la influencia que el mar y la acción de los marinos ha ejercido en los acontecimientos fundamentales del devenir de la patria.  Hacia fines de 1813, el panorama revolucionario se había ensombrecido notablemente.  En Europa, España, después de terrible lucha, terminaba la expulsión de las huestes napoleónicas. En Hispanoamérica la reacción realista triunfaba en México, Nueva Granada y Chile. En el Alto Perú nuestras fuerzas habían sido abatidas en Vilcapugio y Ayohúma. 

Frente a Buenos Aires, Montevideo, bastión inexpugnable hasta el momento, cercado por tierra, y abastecido por el río, era la futura base de operaciones que aplastaría la revolución en la Capital del Plata.  Buenos Aires era la única ciudad que aún levantaba la tea de la revolución y de la libertad.

Dentro de ese panorama desalentador, la campaña naval de 1814 fue un rayo de optimismo que retempló los ánimos y elimínó el gran peligro que se cernía sobre el mismo corazón revolucionario de Mayo.

La influencia de Alvear, el entusiasmo y la actividad de Larrea, la financiación de White y su confianza y apoyo a la revolución, aunque, estuviera haciendo un negocio, y el consejo profesional de Brown dieron sus frutos. Unidos estos cuatro hombres hicieron el milagro de crear una escuadra. De mercantones y sumacas de cabotaje fluvial armados con cañones comprados o extraídos de los arsenales de la patria, donde dormían su veteranía, formaron esa fuerza respetable compuesta por la fragata Hércules, corbeta Céfiro, bergantín Nancy, goleta Julieta y buques menores. Luego la Belfast, la Agreable, la Itatí y la Halcón, nombres gloriosos de proas argentinas.

Se las tripuló como se pudo, con ingleses, irlandeses, franceses, españoles y cualquiera de cualquier nacionalidad que supiera del mar, fuese aventurero, desertor o idealista de la libertad, que también los hubo.  No bastaba.  Se completó entonces con criollos, muchos llenos de ardor patriótico, con la fuerza épica del gaucho o la bravura "guapa" del orillero de San Telmo; otros sacados de las cárceles o recogidos en sorpresivas, redadas donde, caían, desde el negro humilde, el rnulato sensitivo e inteligente o el malhechor del bajo fondo.

¿Y la tropa?  Se incorporó contra su voluntad o sus deseos a batallones criollos, que preferían pelear en tierra firme y no en esas cubiertas huidizas de los pequeños buques. ¿Y el jefe? ¿Ouién podía ligar esa mezcla heterogénea, darles moral, unión y voluntad dé vencer? El problema no era difícil por falta de hombres. Al contrario había tres legítimos candidatos al puesto: Courrande, francés, con el prestigio de famosas acciones corsarias contra los ingleses.  Seaver, estadounidense, temerario valor y capacidad profesional. Brówn, prestigio en ambas márgenes del Plata, audaces golpes de mano contra los españoles y experiencia naval y militar inglesa. Se eligió al último y con él se aseguró la victoria.

¡En dos meses se había armado la escuadrilla! ¡En dos, meses se había tripulado, y con un jefe capaz de llevarla a la victoria!

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